El proceso de la civilización: Elias

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«Una inmensa convulsión social y urgencia, elevada por una cuidadosa propaganda planeada, son necesarios para despertar y legitimizar en las grandes masas de personas los impulsos fuera de la ley, el placer en matar y la destrucción, que ha sido reprimida todos los días de la vida civilizada.»


Norbert Elias (1897-1990) fue el último gran sociólogo clásico, a pesar que vivió en los tiempos «modernos» de la Sociología, porque desarrolló su pensamiento teórico en la misma era que los sociólogos clásicos.

Sus libros más importantes son La Sociedad Cortesana y El Proceso de la Civilización, que se publicaron antes de la Segunda Guerra Mundial.

Por haberlos escrito en los años treinta se considera dentro del debate sociológico clásico como Marx, Durkheim y Weber, sin embargo, obtuvo la atención por sus obras hasta la década de los sesenta, por los tiempos de guerras y conflictos que sostuvo Europa en aquellos momentos.


Norbert Elias escribió sobre diversos temas, pero el que voy a comentar en esta ocasión es el proceso de la civilización.

Pero antes, conceptualicemos un poco. Para Elias, la palabra «civilización» tenía diferentes tonalidades entre las cuales destacaba que: en Historia, aludía al proceso de discernir entre dos clases de desarrollo humano, como los salvajes y los señores amos; en política se emplea con frecuencia a la manera en que se trata a los demás: «esta es la manera civilizada», dando a entender que es una manera buena de proveer un trato hacia otros; y también tiene que ver con la superficialidad, la deshonestidad e hipocresía de guardar los sentimientos.

Pero para Elias, estos tonos juiciosos de conceptualizar al término «civilización» no era lo importante, sino la posibilidad de estudiar el proceso de forma empírica y observar cómo trabaja en la práctica.

Así fue como se dio a la tarea de observar libros sobre «etiquetas» que se utilizaban para educar o instruir a los niños acerca del comportamiento que debían mostrar cuando se encontraban en «buena» compañía.

Para Elias, esos libros decían mucho acerca de los estándares de conducta en determinadas situaciones y al comenzar a estudiar estos libros pero en distintos periodos de tiempo, observó tendencias que reconoció como «procesos».

Para proseguir su trabajo estudió y comparó de forma sistemática los libros de etiquetas de las clases altas seculares en Francia, desde finales de la edad media hasta el fin del siglo XVIII. Su hallazgo concluyó en una tendencia, un movimiento en una sola dirección llamada «el proceso de la civilización».

Elias con su obra quería mostrar que detrás de las apariencias se puede apreciar y discernir un proceso general en una sola dirección. Este proceso de civilización no fue planeado, más bien fue impremeditado y durante un largo periodo de tiempo fue incapaz de reconocerse.

¿Cuál es la intención de este proceso?

Ciertamente no fue la de incrementar el control sobre los impulsos e instintos o suprimir la espontaneidad de las emociones, como pareciera. En este proceso el control se vuelve más generalizado, estable y diferenciado; la gente aprende a administrar y organizar sus impulsos emocionales en una amplia variedad de situaciones.

El proceso de civilización obliga a la gente a diferenciar sus posibilidades de comportamiento y tomar las circunstancias sociales en cuenta con el propósito de hacer una estimación del tipo de gente que les rodea, y juzgar qué clase de comportamiento tomar en una situación particular. Esto conlleva a una constante monitorización reflexiva del contexto social en el que se halla el individuo.

Y todo esto al final les brindaba frutos -decía Elias-, ya que si se es bueno en ello, se recibían recompensas sociales, tales como beneficios o favores respecto a sus semejantes.

Así pues, este no es un proceso de suprimir impulsos, sino de organizar, racionalizar, usar, y a veces esconderlos, en una manera correspondiente al contexto social.

En este proceso la gente se entrena para ser mejores en su actuar, y al pasar las generaciones se vuelve parte de sus hábitos, llevan consigo un mecanismo de auto dirección que se convierte en un proceso automático a tal grado de no saber cuándo se hace o qué se hace.

Es aquí cuando la auto restricción suplementa las restricciones externas; los controles internos no reemplazan las restricciones sociales externas, sino que los controles externos obligan al individuo a incrementar el control sobre sí mismo.

Y la forma en que sabemos que estamos bajo ese control es la vergüenza. Cuando uno realiza algo fuera de las restricciones sociales e individuales, se avergüenza; cuando otro individuo actúa de forma vergonzosa lo sentimos como si nos diera algo de vergüenza por él o ella. Por esta razón la gente utiliza la privacidad, para evitar cualquier cosa que lleva a la vergüenza y la repugnancia.

 

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